lunes, 11 de febrero de 2019

Como supe que era trans

Hace unos meses un psiquiatra puso en duda que yo fuese trans (aunque reconocía no saber del tema). Lo mismo me pasó en la unidad de género de Aviles hace unos años. En ambos casos el problema era que yo no encajaba en el estereotipo: No había dado "muestras" de ser trans en el pasado.

El caso es que yo misma me he preguntado cuales eran esas "muestras" de ser trans. He analizado mi vida bastante para encontrarlas, y la verdad, no son tan claras como se suele contar.

Creo que reconocí que era trans en el año 2014, a los 33 años, pocos meses después de comenzar a escribir este blog. De hecho comencé a escribir el blog con la idea de que si aceptaba mi lado femenino dejaría de querer ser una chica, pero las cosas no funcionan así.

Ya un año antes era evidente que yo era trans para cualquiera que quisiese escuchar. Como ejemplo una discusión por Internet en donde yo mantenía muchos prejuicios transfóbicos, pero en la que acababa diciendo: "Conste que a mi me gustaría cambiar mi sexo, pero el caso es que no siento la necesidad, ni me hace infeliz el ser como soy".

Aún diciendo que quería ser mujer, no era capaz de reconocer que era trans. Y esto se debe a la falta de visibilizad positiva y diversa.

La propia transfobia interiorizada nos impide aceptar quienes somos. En aquellos momentos yo no me atrevía ni a rolear personajes femeninos. Temía que pensasen que lo hacía como parte de una fantasía de control masculino o algo así. Si había personajes predefinidos siempre esperaba a escoger la última para ver si sólo quedaban mujeres y que de esa manera fuese mi única opción.

Ese mismo verano empecé a jugar con personajes femeninos, pero aún no me atrevía demasiado. En una campaña que empezamos de Dragon Age, dejé caer algo a la master: "Si ya hay muchos personajes masculinos podría ser una chica (acercando más el personaje a Merril)". Por desgracia no entendió que esa era mi preferencia y acabé de nuevo jugando con un chico.

Resultado de imagen de merrill dragon age
Merril, de Dragon Age, personaje con el que me identificaba
Esta tendencia se podía ver incluso en juegos de ordenador. Los personajes que yo creaba nunca eran musculosos ni muy masculinos, pero casi siempre eran hombres. El primer personaje femenino que recuerdo que hiciese fue en Oblivion, y lo recuerdo por que le iba a enseñar la partida a mi primo y me pregunté que escusa pondría para explicar que había escogido jugar con una chica. Esto debió ocurrir sobre el 2010, con unos 29 años.

Si recuerdo haber buscado antes fantasías de transformaciones de hombre a mujer. En aquellos mismos años roleaba por Internet con esos temas, pero lo consideraba una fantasía o un fetiche. También seguía desde mucho antes comics sobre transformaciones en donde algunos de sus personajes se convertían en chicas, como misfile, the wotch o elgoonishshive. Por la fecha de inicio de estos comics, quizás empezase a leerlos en el 2004, con unos 23 años.

Resultado de imagen de elgoonishshive tg
Transformación en elgoonishshive

Puedo recordar también querer crear una copia virtual de mi misma en un ordenador. Y que esa copia sería una chica. Y sentir envidia de ella. Pero no sabría decir de cuando es este recuerdo. Esto partía de una idea que había estado desarrollando desde los 12 años. En clase nos mandaron dibujarnos en nuestro empleo del futuro, y yo lo hice de científica. Y en el laboratorio puse un robot dentro de una máquina. Lo que no se sabía sólo viendo el dibujo es que planeaba meter mi mente dentro de ese robot.

¿Puede ser ese desapego a mi propio cuerpo un signo de ser trans? La verdad es que hasta hace poco siempre he evitado actividades físicas: el deporte, el contacto físico, bailar, la playa, comprar ropa, hacerme fotos,... incluso mirarme al espejo. Quizás todo fuese síntoma de no querer dar importancia a mi cuerpo, pero ¿quien sabe?

Hay pocos indicios más en mi infancia. No me gustaban las muñecas, salvo quizás pinypon y polypockets. No mostré interés en los vestidos, ni en el maquillaje ni nada similar. Si es cierto que me gustaban algunas heroínas de la tele, o que me encantaba el anime de Ranma, en el que el protagonista con el agua fría se vuelve chica. Pero no puedo recordar haber deseado ser chica yo misma.

A estas alturas es imposible saber lo que pensaba a esa edad. Pero es evidente que hubo pistas más adelante. ¿Por qué tardé tanto en darme cuenta? En principio ni sabía lo que era. No había información, y toda la representación que veía era negativa. Recuerdo la película de la Vida de Bryan en donde uno de los chistes es que Loretta sea una mujer trans y que quiera tener un bebé. Nos enseñan a reírnos de eso. Y supongo que yo aprendí a rechazarlo.

Resultado de imagen de loretta vida de brian
Escena de la vida de Brian en dónde ser trans es el chiste

Ojalá la visibilidad mejore en el futuro. Hace falta ejemplos con los que nos podamos identificar, y que nos ayuden a aceptarnos. Y no ejemplos típicos, sino diversos para que cubran a todo el mundo. Y también necesitamos interiorizar que la única persona que puede decirte quien eres, eres tú misma.

sábado, 9 de febrero de 2019

Erase una vez un hada

Erase una vez un hada que se convirtió en humana. Decía "los humanos son gente maravillosa, pero tienen muchos problemas ¿Cómo podemos nosotras pasar nuestra existencia sin hacer nada por ayudarles?".

Veía lo que sufrían, y los conflictos que tenían, y se le ocurrían soluciones. Era un hada inventora, y sabía que cambiando pocas cosas de la sociedad humana se podrían lograr grandes mejoras. Pero como hada no podía hacer nada por ellos ya que no podía hablarles ni interactuar de manera alguna. Así que volvió a nacer como humana con la intención de transmitirles sus ideas.

Por desgracia al renacer perdió toda la memoria sobre quien era, y aunque su alma feérica persistía dentro de ella, eso mismo también le daba algunos problemas. Los humanos no entendían que se angustiase entre multitudes o en grandes alborotos. Que no fuese capaz de soportar ver el sufrimiento ni las bromas pesadas. Que le costase entender la ironía y se sintiese mal al mentir. O que se abstrayese en mundos de fantasía y no tomase demasiado en serio la vida real.

Tampoco comprendía bien todas las normas humanas sobre como comportarse, vestirse o interactuar. Pero si algo tenía es que era obediente, y aprendió a hacerse invisible para no causar problemas, aun sacrificando su propia identidad.

Así creció esta hadita sin saber quien era. Pero en su interior persistía su deseo de cambiar las cosas. Por su mente fluían ideas: desde herramientas para aprender lenguajes, como maneras de repartir de manera más justa el dinero a los artistas. Se preguntaba cosas como ¿De que sirve que un sólo artista gane miles de veces más que otros? ¿Acaso su arte es miles de veces superior? ¿Acaso no es mejor la diversidad? ¿No es preferible que sean miles de artistas los que vivan con ese dinero desarrollando su arte?

Se le ocurrían miles de maneras de mejorar las cosas. No podía evitar pensar en ello. Y aún peor, no podía dejar de trabajar en ello. A pesar de que todo el mundo esperaba que "sentase la cabeza" trabajando en algo con lo que simplemente poder vivir bien, ella seguía saltando de idea en idea simplemente buscando aquello que sirviese para cambiar el mundo.

Era incapaz de mantener un trabajo fijo durante demasiado tiempo, y enseguida volvía a sus propios proyectos, para desesperación de su familia. Incluso trataron de hacerla más formal enviándola a psicólogos y psiquiatras, pero nada parecía poder borrar sus ilusiones y convertirla en una adulta decente.

Sin embargo durante toda esa lucha por su propia identidad, algo se fue deteriorando dentro del hada. Comenzó a sentir que no tenía sentido vivir así. Que esta no era su vida real y había un camino para liberarse de todo esto. Pero al mismo tiempo tampoco deseaba abandonar a los humanos a los que había conocido. No quería hacerles sufrir y que se pusiesen tristes por su ausencia. Por que el amor a los humanos era algo que nada había podido borrar, aún en un cuerpo humano.

Consideraba que todo el mundo merecía amor y comprensión. Era consciente de que algunos humanos hacían cosas dañinas, pero al mismo tiempo sabía que el motivo era el mundo en el que habían crecido. Sabía que la maldad no era algo con lo que se naciese, y que tampoco nadie decidía convertirse en mala persona. Pero es que además veía que la mayoría de los conflictos humanos se daban entre personas que ni tan siquiera pretendían hacer el mal.

Veía que incluso entre sus amigues había problemas. Veía que muchas veces sus propios miedos e inseguridades les llevaban a hacer daño a los demás, y que en ocasiones ese daño se hacía cada vez más grande cuando dos personas se peleaban. Ella no quería eso, pero no sabía como evitarlo. Sin embargo deseaba poder investigar maneras de que todo el mundo se entendiese mejor, y que pudiesen curar sus heridas para a su vez no hacer daño a los demás.

Pero era consciente de que no era tan fácil. Ella misma había hecho daño a otras personas. Ella misma había prejuzgado a los demás y reaccionado de maneras que sólo empeoraban las cosas. ¿Quien era ella para juzgar a los humanos si ella misma actuaba de esa manera? Era lo que más le horrorizaba de si misma. Cada cierto tiempo recordaba a las personas que había dañado y alejado de si y se sentía muy culpable. Buscaba una y otra vez respuestas a como solucionarlo, pero seguía actuando así contra nuevas personas.

Había quien le decía que no pasaba nada. Que era normal mostrar algo de carácter de vez en cuando. Incluso sano. Pero ella sentía que eso no era parte de su naturaleza. No era quien ella quería ser. Respetaba que los seres humanos pudiesen ser así, pero creía que su propio camino también era válido. Que no era malo ser débil y vulnerable, y tratar de agradar a los demás.

Aquí termina la historia del hada hasta donde yo la conozco. Aún no se si el hada llegaría a conseguir poner en marcha sus ideas, o que los demás la entendiesen y aceptasen tal cual es. Si conseguiría desprenderse de esa parte suya que tanto temía, o si acabaría por volver a su mundo sin lograr sus objetivos es algo que no sé. Ojalá pudiese contar el final de la historia, y que este fuese un final feliz. Pero supongo que todo lo que puedo escribir por ahora es...

CONTINUARÁ.

miércoles, 7 de marzo de 2018

La princesa bruja (I): Un cuento LGBT

Érase una vez un reino muy lejano en donde vivía Orian, un príncipe que acababa de cumplir la mayoría de edad. Como parte de los festejos para celebrarlo, los más importantes ciudadanos del reino le trajeron ofrendas.

Tras presentarse múltiples comerciantes, artesanos y artistas, cada uno con un objeto de valor o una muestra de su arte, llegó el turno de una anciana de cabellos grises cubierta con una  capa oscura. No llevaba encima más que un vial con un líquido de aspecto extraño.

-Si bebéis esto antes de acostaros- le dijo al príncipe antes siquiera de presentarse-, cuando os despertéis tendréis un aspecto similar al de cualquier otra chica.

En ese momento la reina Iselda saltó del trono con una expresión entre miedo y furia, y señalando a la anciana gritó:

-¡Guardia! ¡Detenedla! ¡Es una bruja!

La guardia dió un paso adelante con sus armas preparadas, presta a cumplir las órdenes. Pero la anciana se quitó la capucha y sus mechones parecieron oscurecerse, y su rostro iluminarse. Su imagen se volvió imponente ante todos los que se hallaban en la sala.

-¡Deteneos!- exclamó - Ser una bruja no es ningún crimen. Y vuestra alteza, si tiene honor, habrá de cumplir lo pactado en su día.

-¿De qué está hablando, madre?- Preguntó el joven príncipe sorprendido ante estas palabras.

-A cambio de ayudarla con su desgracia- respondió la bruja -, vuestra madre me prometió a su primera hija para que fuese mi aprendiz.

-¡Pero él no es una mujer!- gritó la reina - Es mi hijo. Mi único hijo. No he tenido ninguna hija que os podáis llevar.

-Es cierto que tiene una apariencia similar a la de cualquier hombre. Pero eso se puede alterar, como supongo que ya sabéis - replicó la bruja acariciando el vial que sostenía entre las manos -. No importa si nació así, o es fruto de la magia. Su corazón seguirá siendo el mismo.

-Decís que, de alguna manera ¿Soy una chica?- Preguntó el príncipe con sorpresa.

-Así es. Os he estado observando desde hace tiempo. He visto que no actuábais como actuaría un hombre. He visto que al entrenaros no os motivaba que os dijeran que eso os convertiría en un hombre. He visto como escucháis a otras mujeres cuando hablan, con admiración en lugar de deseo. He visto como cada vez que os dicen que así actúa un hombre de verdad vos evitáis dicho comportamiento.

-Pero sobre todo…- dijo, haciendo una pausa -, he visto cómo miráis el elixir. Y que no os ha ofendido que dijese que sois una mujer.

Tras esta incómoda revelación, la sala quedó en silencio durante unos instantes. Incluso la reina se puso a pensar en lo que significaban dichas palabras. Y miró a su hijo con asombro, descubriendo que, efectivamente, no parecía tan alterado como ella esperaría ante tal idea.

-Si lo que decís es cierto- respondió el príncipe tras unos momentos de reflexión -, no permitiré que mi madre incumpla su palabra, ni que por mi culpa se vea mancillado el honor de nuestra casa. Pero ¿Cómo podría saberse con certeza?

-Tan solo vuestra alteza puede saberlo. Y yo respetaré vuestra decisión- respondió la bruja -. Pasad la noche con el elixir. Si decidís beberlo os tomaré como mi aprendiz. Si no es así os dejaré libre.

-Pero actuad con ánimo sincero. Engañaros sobre esto no solo significaría una deshonra para vuestro linaje. También habríais escogido una vida desgraciada negándoos quien sois, y viviréis con un dolor que os convertirá en un monstruo.

Tras esta última advertencia, la bruja desapareció en una nube de humo, dejando tras de sí tan solo el vial que había traído como ofrenda. La reina ordenó a los guardias que desalojasen la sala, pero antes de que pudiese hacer nada más, el príncipe tenía ya el vial en sus manos.

-Dadme ese vial, hijo, y olvidémonos de este desagradable episodio que nunca debió haber ocurrido- dijo la reina extendiendo la mano hacia el príncipe.

-Madre, hoy he cumplido la mayoría de edad. Y este es un asunto de honor que atañe a nuestra casa. Es por tanto mi deber.

-Entonces… ¿Habéis decidido beber el vial? - preguntó la reina abatida.

-No, no he tomado ninguna decisión -nego el príncipe sacudiendo la cabeza al mismo tiempo.

-¡Pero en ningún momento habéis negado ser una mujer!

-Ni vos, madre, habéis negado el pacto del que habló la bruja. Cumplir ese pacto es lo que de verdad me preocupa, y no cuál será mi destino. Si paso la noche con el vial, sea lo que sea lo que haga, habré cumplido con mi pacto. Y entonces sí, podremos olvidarnos de toda la cuestión.

-A menos que bebáis- replico la reina -. Si bebéis, mañana seréis aprendiz de la bruja. Y yo habré perdido a un hijo, y el reino a un heredero.

-Soy consciente de lo que esto significa- dijo el príncipe, mientras miraba el vial -. Quiero tomar la decisión seriamente. Quiero hacer honor al nombre de nuestra casa. Pero en ningún caso lo haré ciegamente y sin pensar en las consecuencias.

-Aún así, madre- dijo mirándola a los ojos -, habréis de confiar en mi. Por favor, permitidme estar solo esta noche y ya mañana será otro día.

Así se despidieron aquella noche, madre e hijo. La reina convencida de que su hijo bebería la poción. El príncipe por contra absolutamente inseguro de lo que sería correcto para cumplir con su honor, con su casa y con su pueblo.

sábado, 28 de mayo de 2016

Carta abierta a una feminista radical


De vez en cuando discuto con feministas radicales que piensan que las chicas trans somos "socializadas hombres" y que si nuestro aspecto no es femenino entonces recibimos inmediatamente los privilegios masculinos. Se que no todas las feministas radicales piensan así, pero quería recalcar que hay quien lo hace. Es algo muy dañino el negar que recibimos el mismo condicionamiento que cualquier mujer, dado que nosotras también necesitamos deshacernos de él.

Una niña cis que juega con Barbies, que ve princesas Disney y que ayuda a su mamá con las tareas domésticas está recibiendo una influencia que le genera un rol social ¿No es cierto?

Bueno, pues si eso mismo lo hace una niña trans ¿Como podéis negar que está recibiendo esa misma influencia? ¿Como podéis insistir que está siendo "socializada como niño"?

Mi madre me hacía tarjetas de los osos amorosos para aprender los números. Me gustaban los pinypon y las polypockets. Veía Juana y Sergio, la panda de Julia y Sailor Moon. Me encantaban las películas de Disney, Cenicienta, la sirenita, Blancanieves, Bella,...

Algunas feministas presuponéis que como conmigo se usaba el pronombre masculino y con mis heroínas se usa el femenino, yo de alguna manera debía sufrir desapego hacia ellas. Pero lo que ocurrió fue lo contrario. Empecé a sentir que algo estaba mal conmigo. El patriarcado no nos dice que ser femenina es malo. Al contrario, nos lo vende como una virtud, algo que aplaudir... pero solo en las mujeres.

Si, yo sabía que no era una chica desde el punto de vista social. Pero en lugar de sentirme superior a otras chicas sentía que me faltaban virtudes para poder serlo, y eso hacía que me esforzase más por alejarme de la masculinidad.

No me educaban en la masculinidad, sino en todo lo contrario. A las niñas se les decía que debían comportarse como señoritas, que debían ser elegantes, no pelearse, no ensuciarse, ser tranquilas, estar calladas. Así que yo hacía lo mismo.

Cuando crecí se me dijo que los chicos eran unos cerdos a los que solo les interesaba el sexo, mientras que las chicas eran románticas y creían en el amor. Yo soy asexual y no creo que se deba a esto, pero si es cierto que toda mi vida he intentado evitar que la gente piense que soy como los chicos, que tengo deseo sexual y veo a las mujeres de esa manera. Hasta el punto que ahora rechazo el contacto físico con otras mujeres.

¿No se dice que a las chicas se les inculca que la masturbación es mala? Bueno, pues yo empecé tarde, y traté de dejarlo varias veces. Me sentía culpable. ¿Por que es tan difícil de entender que el mensaje que calaba en otras chicas, en mi también calaba?

A las mujeres se nos enseña que lo correcto es no destacar, dejar espacio, estar en segundo plano. Algunas feministas suponen que dado que no cumplo los cánones de belleza femenina, eso automáticamente me concede privilegios ante los hombres. Pero a los hombres se les ha enseñado a competir y no respetan a quien no entra a su juego. Si no alzas la voz, si no muestras fuerza, si no tienes poder no eres uno de ellos, y no confiarán en ti tan solo por el género que usan contigo.

Por supuesto que sigo teniendo algunos privilegios, pero son mínimos en comparación al condicionamiento que he asimilado. Y como muchas mujeres trans, con gusto los sacrificaré todos en cuanto me permitan dar los siguientes pasos de mi transición. La cuestión es que no podéis hacer dos bloques, femenino y masculino, e incluirnos a las mujeres trans en el masculino. Aunque nuestra experiencia sea distinta al de las mujeres cis, mucho más lo es que la de los hombres.

La simplificación binaria que a veces se propone no parte del feminismo: son prejuicios heredados del patriarcado, que nos sigue animando a ignorar la diversidad.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Pensar bien de los demás

Me gusta pensar bien de los demás. Me hace sentir bien y me ayuda a estar mejor con la gente, pero sobre todo me gusta sentir que es parte de mi personalidad. Es una característica de mi de la que no me gustaría desprenderme, aunque me trajese problemas.

Pero no me los trae, porque no significa lo que la gente cree. En realidad trae más problemas a los demás que a mi. Puedes creer que eso me hace más manipulable, pero no es cierto. Pensar bien de los demás no significa ignorar que pueden hacer cosas malas, sino achacar eso a problemas que tienen sus razones de ser.

Por poner un ejemplo, alguna vez me han pedido dinero personas fingiendo ser sordomudas. Pensar bien para mi no es creerme que son sordomudas, sino creer que el que finjan tiene sus motivos. Es tan sencillo como achacarlo a una enfermedad o a la educación que hayan recibido. Y por supuesto nada de esto me obliga a darles dinero, porque se que no resuelve el problema.

Pero tiene un efecto secundario que si afecta a los demás y del que he tardado en darme cuenta. Esta manera de pensar significa "desconfiar" de manera constante de todo el mundo, y eso no siempre es justo. No se trata de alejarme de las personas porque desconfíe de ella. Es más bien en que no confío en que hagan las cosas bien porque para mi no es un requisito para respetarlas.

Imaginad que alguien habla mal de amigos vuestros. Para la mayoría de la gente la respuesta lógica sería "no, yo confío en esa persona, así que no voy a creer que haya hecho esto". Pero para mi es algo como: "aunque hubiese hecho esto, yo no pensaría mal de mi amigo, así que no descarto esa opción". Aunque esto sea válido en algunos casos, es injusto en otras ocasiones cuando esas personas ya han dado muestras de no ser así.

Así que en resumen, el problema es que a veces no doy a mis amigos el crédito que se merecen. A pesar de conocerlos bien y haber tenido siempre una respuesta positiva de ellos, a la hora de la verdad no los sitúo por encima del resto de la gente. Si me arriesgo más con un amigo es porque les debo más, no porque confíe más en ellos, y eso a veces también es algo triste.

Pero tengo mis motivos, aunque es un tema delicado. No es algo que me duela, pero no me gusta preocupar a los demás. Ha pasado mucho tiempo, y no quiero que la gente vea cosas que no son. Pero tampoco quiero sentir que es algo de lo que no puedo hablar.

Se trata de que yo perdí a mi madre a los 14 años. Ella tenía un problema, que hacía que no siempre actuase de la mejor manera. Aún así la quería muchísimo. Recordaba de ella momentos muy buenos, y cosas muy positivas. Ella me hizo unas tarjetas de los osos amorosos para aprender los números, y era a la persona a la que recurría cuando necesitaba contar algo, dado que sabía escuchar. Nada de lo que pudiese hacer podría oscurecer las partes buenas que tenía. Pero ella no debía de verlo así. Debió de temer el poder hacernos daño, y tomó una decisión que a sus ojos quizás parecía más correcta.

Han pasado unos veinte años desde entonces. No es algo que sufra a día de hoy, y no quisiese que nadie analizase mi vida en función de esto, ni supusiese cosas que no son ciertas. Obviamente ha debido de influirme en muchos sentidos, pero entre estos está la perspectiva de que todos los problemas son relativos. Todos sufrimos cosas en nuestras vidas y no tiene sentido comparar unas con otra, ni despreciar los sentimientos que tenemos por las cosas más sencillas que me preocupan a día de hoy.

Pero a lo que quiero llegar es que todo el mundo puede hacer cosas mal, y eso no significa que no merezcan nuestro cariño. Si alguien hace algo bien por mi, si alguien crea un recuerdo agradable conmigo, eso es más importante que cualquier otro problema que tengan. Así que si no dejo de esperar cosas malas de los demás no significa que les quiera menos, o que no valore lo bueno que tienen. Porque se que las personas no siempre pueden actuar como quisieran.

Pensar bien de los demás no es tan bueno como suena. Aunque me gusta verme como una buena persona, la realidad no es tan sencilla. Pero aunque también tiene su lado negativo, esa desconfianza que implica no hace que aprecie menos a los demás, tan solo que los sitúe a la altura de la persona a quien más quise en este mundo.

lunes, 31 de agosto de 2015

Por qué no puedo bailar

Bailar es una forma de expresarse, al menos según mi punto de vista. Igual que escribir, dibujar, reír,... Puedes disfrutarlo tú, pero también es habitual hacerlo para que los demás sepan como te sientes. Puedo estar en silencio disfrutando de una comedia, pero si la veo con alguien es probable que me ría a carcajadas.

Pero al igual que la música depende del instrumento con el que la toques, al bailar  tu propia apariencia forman parte de lo que expresas. No es cuestión de tener mejor o peor aspecto, sino de si tu apariencia expresa realmente lo que sientes o no. Y en mi caso no lo hace.

Puedo bailar, pero en cuanto me imagino bailando se que no expreso lo que deseo expresar. No es cuestión de hacerlo mejor o peor, ni de pasar vergüenza (que no tengo demasiada), sino de poder hacerlo como yo quiero.

Recuerdo un efecto curioso del que me di cuenta en la infancia. Entonces tampoco podía bailar, pero en un par de ocasiones me pude soltar bastante. En ambas coincidía que por un motivo u otro iba con un disfraz que me tapaba la cara. Creí que era vergüenza, que al taparme no me importaba "hacer el ridículo" y por ello me soltaba más. Pero lo cierto es que la gente sabía perfectamente quien era yo, y no me importaba.

Se me da bien darme "soluciones". De hecho la sociedad ya tiene una serie de respuestas predefinidas que suponen que deben resolverlo todo. Pero cuando la respuesta se equivoca no hace más que agravar el problema.

Yo siento que debería poder olvidarme de mi aspecto. Que con hacer un esfuerzo, el problema desaparecerá. Pero si eso no es cierto, solo significa que aquello que debería ser gratificante se convierte en un esfuerzo constante. A saber que no expresas lo que quieres expresar se une el esfuerzo por dejar de sentirte así y la culpabilidad por no poder librarte de ello.

El problema es que cada persona siente sus propios sentimientos. Yo no tengo manera de saber si esto lo sienten los demás. No tengo manera de saber si puedo dejar de sentirlo con tan solo esforzarme. Tampoco puedo saber si cambiando mi aspecto el problema se resolverá.

¿Y si dejamos de intentar resolver el problema? Quiero decir, de vez en cuando hay que intentarlo, pero si llevamos cada problema que tenemos como algo que necesitamos resolver, estaremos añadiendo presión a dicho problema.

Es simple: A veces podré bailar, y a veces no podré hacerlo. E incluso cuando lo haga, quizás lo haga a base de esfuerzo. Y mientras tanto quizás algún día sepa la verdad y como resolverlo, por que de todo se aprende.

domingo, 26 de julio de 2015

Fuerza y valor

A veces encuentro por Facebook cosas que me daría miedo compartir al plantearme como reaccionaría la gente. Entonces me digo que si tengo ese miedo, debería de compartirlo. Que los miedos se vencen enfrentándose a ellos. Pero el problema es que mientras decido si pesa más el miedo o el valor desaparece de mi vista la única cuestión que debería de importar: ¿quiero compartirlo realmente?

A todo el mundo nos gusta que nos elogien; y que te digan que eres fuerte y valiente son elogios. Pero creo que principalmente son rasgos de personalidad, y la verdad es que no me identifico con ellos. No es cuestión de que yo sea o no fuerte o valiente, sino que no es algo que desee ser. Y eso no quita que acepte el cumplido por que el hecho de que te elogien en si, independientemente de lo que te digan suele ser signo de afecto.

Es como con el aspecto: Si la gente dice que le gusta tu apariencia seguramente te hará sentir a gusto y te hará sentir bien, pero eso no significa que sea la que tu prefieras ni que desees mantenerla. Yo no quiero ser fuerte ni valiente, por que cuando he de tomar decisiones siento que estas características no son mías y que me hacen perder mi personalidad.

Pero son necesarias ¿no es cierto? Debes de tener el valor y la fuerza de para enfrentarte a los problemas de la vida. Debido a la ausencia de ello no me atrevo a veces a hacer las cosas más sencillas: comprar una camiseta, o un producto de belleza, o un sencillo juguete,... decir lo que pienso, o incluso acercarme a la gente. ¿Debería por tanto ser fuerte y valiente para vivir mejor?

Pues yo creo que no. Que sea una necesidad no significa que tenga que ser parte de mi. Creo que a veces usamos la fuerza y el valor como forma de ignorar las cosas que están mal. Cuando alguien no logra ciertos objetivos, o no se atreve a intentarlo, lo achacamos a que le falta carácter, voluntad o valor, y no nos paramos a mirar los problemas que ha tenido para hacerlo. De esta manera diculpamos aquellas barreras que no deberían estar ahí, poniendo el foco en la víctima.

La fuerza y el valor se han usado en la historia para forzar a la gente a muchas cosas: Para enviarla a la guerra. Para hacerles sacrificarse por el grupo, la nación, la religión. Para hacer que actúe como la sociedad espera de ella. Si no lo hace así, se les puede acusar de cobardía, o de ser débil. Como en la película de "las cuatro plumas" en la que un hombre es acusado de cobardía sin que sus razones para no ir a la guerra sean tenidas en cuenta.

Así que en mi opinión, si bien el valor y la fuerza se pueden ver en ocasiones como algo positivo, yo quiero defender también la cobardía y la debilidad, por que en un mundo ideal no deberían de ser más que diferentes formas de ser, todas ellas completamente válidas.